Lengua de papel
APUNTES
4/9/20261 min read


A pesar de las conversaciones con los amigos, siempre vuelvo a la escritura. No sé por qué. O si lo sé, pero es una locura tan grande que prefiero hacerme la tonta a decir en voz alta que me atemoriza ser incomprendida, pues basta solo una palabra mal escuchada para sacar conclusiones que en realidad no me pertenecen.
Es ridículo, lo sé. Una escritora no debería tener problemas de comunicación de ningún tipo, pero lo tengo. Más de una vez se me ha atascado la lengua intentando explicarme. También han puesto palabras en mi boca. Y peor aún, intenciones en mis discursos, como si cada frase necesitara ser domesticada, como si no pudiera nacer salvaje sin que alguien corra a ponerle un collar y un nombre que no elegí.
Y aunque el papel es mi hogar…, a veces me gustaría ser una gran oradora que no le deja espacio a los malos entendidos. Una de esas personas que habla y el mundo se ordena alrededor de sus palabras, como si cada una cayera exactamente en el lugar que le corresponde.
Pero no soy esa persona.
Soy, en cambio, la que titubea. La que piensa tres versiones distintas de una misma frase antes de decirla y, aun así, elige la equivocada. La que se queda repasando conversaciones horas después, corrigiendo en silencio lo que ya nada puede cambiar. La que entiende demasiado tarde que no era lo que quería decir, pero tampoco sabe cómo decirlo mejor.
Por eso escribo.
Porque aquí no hay interrupciones ni miradas que me apuren. Porque aquí puedo detener el tiempo, desarmar una idea y volver a construirla hasta que suene como realmente la siento. Porque en la escritura no me traiciona la prisa, ni el miedo, ni la necesidad de ser entendida al instante. Porque aquí, al menos sé que hice todo lo posible por ser clara. Porque aquí, si alguien me malinterpreta, al menos no fui yo quien se traicionó primero.
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